Lluvia de Perseidas

Era la tradición del mes de agosto: salir de la ciudad a un sitio en el que las luces no impidieran ver el cielo (cada año era más difícil) con algo para comer y beber, buscar la constelación de Perseo y tumbarnos en el césped.

Pero este año era distinto. Perseo nos dejaba un castigo, quizá una venganza de los dioses por haber decapitado a Medusa. La leyenda dice que surgía una serpiente de cada gota de sangre que caía al suelo de su cabeza cercenada. Esta vez, cada estrella fugaz no se apagaría en el cielo, sino que golpearía la superficie sin piedad, arrasando ciudades enteras. Todos los intentos por desviar a Medusa y su cabellera han sido en vano. Son demasiados. Son demasiado grandes. Es posible que el planeta sobreviva al impacto (tenemos una probabilidad del 60%, dicen los medios), pero la raza humana no.

Así que, con vuestro permiso, voy a tumbarme y disfrutar de esta lluvia de estrellas. De la última. Maldito seas, Perseo, ¿por qué tuviste que hacerlo?

Cenizas

Cenizas. Es todo lo que queda del proyecto. Después de más de una década de trabajo y varios millones de euros invertidos, todo ha quedado reducido a cenizas. Adiós a todos los sueños de conseguir un superhumano que pudiera vivir en Marte con un soporte vital mínimo.

Casi lo habíamos conseguido: un cuerpo adaptado a una menor gravedad, con una protección superior a la radiación, mejor tolerancia a las temperaturas extremas, sistema respiratorio adecuado a la composición de su atmósfera.

Ya estaba todo listo, incluso las Starships modificadas. Era cuestión de apenas dos años más. Pero algo salió mal. Nunca supimos cual fue la causa, seguramente un fallo estúpido y todo se fue al traste. Así que tuve que hacerlo: tuve que quemar el laboratorio. Dios sabe qué hubiera sucedido si regalas un planeta entero a una raza superior sin ninguna ética.

Héroe de metal

orange robots pilot spaceship

Astronauta, cosmonauta, takionauta… navegadores de los astros, del cosmos, del espacio. Ninguna de ellas es adecuada para describir nuestra misión, así que nos llamamos a nosotros mismos argonautas: tripulantes del Argos. El primer crucero espacial que va a emprender un viaje formidable. Somos una tripulación formada por 54 hombres y mujeres dirigidos por alguien que especial: J5-Operational Navigator (J5ON). Le llamamos Jason, nuestro particular héroe de metal.

Sabemos la fecha de partida, pero no la de llegada. Ni siquiera sabemos si volveremos. Ni siquiera si seremos nosotros mismos al volver. Es uno de los objetivos del viaje: comprobar los efectos del salto en la mente. Por eso nos dirige Jason, porque sabemos que los cerebros artificiales no se ven afectados. Es la única manera de asegurarnos de que el Argos regresará… algún día.

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