Reencarnación

Cuando abrió los ojos sabía que algo iba mal. ¿Cómo había llegado allí? No lo recordaba. La última imagen de su cerebro era una cara conocida «Todo va a salir bien». Eso también lo recordaba. Pero luego… nada. Oscuridad, frío ¿cuánto tiempo había pasado? Eso tampoco lo sabía. Pero sí lo que tenía que hacer ahora. Estaba impreso en sus instintos más básicos: sobrevivir.

Era de día. Al menos había luz suficiente para ver sin ayuda. Los ojos se ajustaron automáticamente; luces y sombras, el mundo en blanco y negro. Por el momento tendría que bastar. Fijó la imagen en su cerebro para enviarla después. Poco a poco el resto de sentidos se ponían en marcha. Podía respirar, eso estaba claro. Escuchó atentamente alrededor. Nadie. Estaba sola.

Intentó moverse. Solo un poco. Para comprobar que no estaba parapléjica. Parapléjica… si era capaz de pensar en esa palabra era porque las funciones superiores de su cerebro también estaban ya activas. Si no se habría quedado en «rota» o algo así. Eso también quería decir que podía empezar a trazar un plan. Luego, si le sobraba tiempo, trataría de comunicarse con la base o como demonios se llamara. «Adam». Le vino a la mente de golpe. «Se llama Adam». Todo va a salir bien… maldito hijo de puta. Y gritó.

Ciudad de ladrones

coidad con mar al anochecer

En esta ciudad todo el mundo tiene algo que no le pertenece. Nos hemos acostumbrado a que las metrópolis nos roben cosas. Algunas básicas, como el aire que respiramos, y otras no tanto, como nuestra energia vital, que se va consumiendo poco a poco a medida que avanza el día. También nos roba el tiempo: desplazamientos, retrasos, esperas… segundos que nadie nos devolverá.

Pero no estoy hablando de eso. Aquí se ha llegado a un acuerdo: si no te gusta tu vida, puedes intercambiarla por otra. A la ciudad no le importa quién seas mientras le sirvas bien y el trabajo esté hecho.

Cada domingo se abre La Puja: ofertas y demandas de vidas de personas que estan cansadas de la suya, de otras que aspiran a un cambio. UrbanIA hace los emparejamientos, y entras en el intercambiador. A la mañana siguiente te despiertas en tu nueva vida. Es un buen sistema y todo el mundo está satisfecho; moderadamente satisfecho. La ciudad también. Solo a cambio de algo que apenas tiene importancia: nuestra esencia como persona; quién somos en realidad. Hay quien a eso le llama alma.


Actualización 21:20: He hecho algunas correcciones después del directo de Gisela Baños revisando relatos en su canal de Twitch. Realmente, ha mejorado bastante. Un lujo una revisora asi: ójala algún día revises uno mio completo ;-) Gracias

Aprendiz silencioso

Observas. Al principio es lo único que te deja hacer. Llevar las herramientas, las pesadas, las poco importantes, las que se pueden reemplazar fácilmente. Poco a poco has ido aprendiendo para qué sirve cada una. Un simple gesto y sabes qué tienes que pasarle.

Trabaja en silencio, con precisión, como si lo llevara haciendo toda la vida. Realmente, lo lleva haciendo toda la vida. Empezó como tú, siendo un aprendiz, y ahora es el maestro. Como otros maestros, tiene sus propios secretos que se llevará a la tumba con él. Pero antes te los habrá enseñado y te convertirás en maestro. Ese es el pacto. Pero a cambio no puedes revelar sus secretos, nunca podrás contar a nadie lo que sabes… ni ninguna otra cosa, porque el precio que tienes que pagar es tu lengua. Como lo pagó tu maestro antes que tú. Un aprendiz silencioso de un maestro mudo.

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