Apagón

Primer relato escrito para el curso de Ciencia Ficción de Caja de Letras. Ejercicio de tema libre . Revisado por Jordi Noguera)


—Jódete, gabacha de mierda —grita eufórica mientras hunde su bayoneta una y otra vez en el vientre de su adversaria, que hace tiempo que está muerta—. ¡Jó-de-te! Hoy la victoria es para las tropas de Su Majestad.

—Menuda paliza me has dado hoy.

La voz le llega amortiguada desde el fondo del pasillo mientras cierra el juego y las pulsaciones van volviendo poco a poco a su ritmo habitual. Es un momento crítico. No debes tener prisa en descargar los módulos de personalidad del implante porque los efectos secundarios son una mierda: dolor de cabeza y vómitos en el mejor de los casos. Pero tampoco lo puedes dejar activo mucho tiempo. No pasa nada con los inofensivos, ¿quieres ser un dependiente simpático? ¿una conductora silenciosa? No hay problema. Pero los módulos tácticos de combate, aunque sean para juegos y estén capados… puedes tener un disgusto si le hablas a tu jefe como si fueras el sargento de hierro. Cuando se enciende el piloto verde descarga el módulo de su implante y sale al pasillo. Maika se dirigía a su cuarto haciendo un mohín.

—¿Por qué has hecho eso, tía? La escenita de la bayoneta sobraba.

—Hola lo primero ¿no? —Le da un beso rápido— Venga, no te enfades, que es solo un juego.

—Me preocupas, creo que le diré a papá que te psicoanalice o algo, —le responde con una sonrisa pícara— ¿Ves? cuando salgo yo sigo siendo una niña bien.

—Ya… no iba a dejar que me ganara una rubia.

—Cabrona.

—Ja, ja, ja —se ríe mientras se gira volviendo a su habitación—. Mira, si quieres te echo otra después de cenar, pero ahora tengo que conectarme al insta, que de algo hay que comer.

«Vale, tengo quince minutos», piensa Julia mientras coloca el móvil en el soporte. Se dirige al ordenador. Con dedos ágiles busca en el sistema el perfil de influencer y lo carga en el implante antes de entrar en el baño a cambiarse de ropa y maquillarse. Una vez lo hizo al revés: dejar el perfil para el final, y el resultado… un desastre, perdió 100 subs. Aparte de que tardó media vida en «disfrazarse» como ella lo llama. A ver, si hay que ser cuqui, se es cuqui. El módulo extra de estilismo y maquillaje profesional para el implante lo ha amortizado con creces.

El módulo extra… si Maika se enterase la mataba. Pero literal. Ella sí que es cuqui así, de natural, pero dentro del juego se transforma. Su módulo táctico es mucho mejor y nunca había podido ganarla… hasta hoy. Eso sí, no podía enterarse de qué tipo de módulo había conseguido Julia, y mucho menos de dónde lo había sacado.

«No te disperses, Julia, que es la hora», piensa colocándose en la marca del suelo. Comprueba de un vistazo que todo está en orden y pulsa el botón para encender el foco e iniciar la transmisión. La habitación se quedó a oscuras.

—Jolines, ¿qué ha pasado? yo no he hecho nada. ¡Maikaaaaa! —gimotea volviéndose hacia la puerta— ¿Tú tienes luz?

Silencio. Da unos pasos hacia la ventana y sube la persiana. Oscuridad también fuera. No es cosa suya, parece que ha sido en todo el barrio. Y también ha afectado a los semáforos, las farolas, los carteles. La luna apenas es suficiente para recortar la silueta de los edificios y arrancar algún destello fugaz.

—¿Maika?

Silencio.

—Venga tía, dime algo, que me estás asustando.

A tientas, da unos pasos hacia el escritorio. «Ay, porras, si no hay luz. No puedo desactivar esta cosa. Vale: el portátil». No recordaba dónde lo había dejado. A ver, el otro día lo estuvieron utilizando en el salón ¿Y luego? Seguramente se lo habría llevado Maika a su habitación. Una alarma saltó en su cabeza ¿Qué estaba haciendo ella cuando saltó la luz? ¿No estaría…? «No pienses en eso. Plan C: el móvil». No sabía si podría desactivar el módulo desde el teléfono. Y si lo desactivaba ¿perdería los datos? Nunca se había preocupado de informarse. «Conexión no disponible. Claro, si no hay luz, no hay router. A ver con la red pública… ¿tampoco? ¿Qué mierda es esta?». Cada vez se está poniendo más nerviosa. El apagón ha debido ser gordo si ha afectado también a las antenas.

«Vale, no pasa nada, estos chismes llevan un mecanismo de seguridad. Me fastidia que lo flipas perder la configuración», refunfuña mientras sus dedos buscan la muesca para resetear el implante. Unos pitidos le alertan de que la descarga del módulo ha comenzado. En unos minutos ya será ella misma otra vez. En ese momento, escucha un golpe sordo.

—¿Maika?

De su garganta apenas sale una vocecita. Se decide a abrir la puerta y sacar la cabeza, media cabeza, un ojo más bien.

—¿Maika? —repite un poco más alto, saliendo al pasillo pegada a la pared. Al fondo, tras la puerta de su habitación se ve un resplandor. «Será la linterna del móvil», se autoconvence. Puede sentir el corazón golpeándole en el pecho.

—Estoy aquí encanto —dice una voz áspera—. No tengas miedo, ven con mami.

—No bromees, eres tú, ¿verdad? ¿No estabas jugando? ¿No… no llevas el implante activo? ¡No me jodas!

La puerta de la habitación se abre poco a poco y a contraluz aparece la silueta inconfundible de Maika, con algo que destella en la mano derecha. Julia apenas puede contener un grito y retrocede como puede hacia su cuarto, tropezando en la alfombra y cayéndose de espaldas al suelo.

—¿Estás bien? —Maika avanza rápido hacia ella—. Perdona, no quería asustarte —se disculpa con voz compungida, con SU voz compungida—. No tenía que haber hecho eso.

—Me has dado un susto que te cagas. No vuelvas a hacerlo.

—Perdona, de verdad. Es que… bueno. Mientras te vestías para el directo entré en tu ordenador para averiguar qué habías hecho para ganarme y encontré el módulo extra. Me enfadé tanto que quería darte una lección ¿Cómo se te ocurre…?

—¿En serio? ¿Me vas a echar la bronca? ¿Quieres que hablemos de eso justo ahora?

—Tienes razón, déjalo, me he pasado. Estamos en paz.

Se agacha, aproxima su rostro como para darle un beso y le susurra al oído unas palabras que la dejan helada.

—Jódete, gabacha de mierda.

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