Lluvia de Perseidas

Era la tradición del mes de agosto: salir de la ciudad a un sitio en el que las luces no impidieran ver el cielo (cada año era más difícil) con algo para comer y beber, buscar la constelación de Perseo y tumbarnos en el césped.

Pero este año era distinto. Perseo nos dejaba un castigo, quizá una venganza de los dioses por haber decapitado a Medusa. La leyenda dice que surgía una serpiente de cada gota de sangre que caía al suelo de su cabeza cercenada. Esta vez, cada estrella fugaz no se apagaría en el cielo, sino que golpearía la superficie sin piedad, arrasando ciudades enteras. Todos los intentos por desviar a Medusa y su cabellera han sido en vano. Son demasiados. Son demasiado grandes. Es posible que el planeta sobreviva al impacto (tenemos una probabilidad del 60%, dicen los medios), pero la raza humana no.

Así que, con vuestro permiso, voy a tumbarme y disfrutar de esta lluvia de estrellas. De la última. Maldito seas, Perseo, ¿por qué tuviste que hacerlo?

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